Mora. A mí las moras siempre me han dado cierto asquete, suponiendo que algo me pueda dar asco. Tienen pelitos, están huecas... en fin. Esto no pasa con las moras silvestres, a por las que me lanzo como un hipster al juepintxo. Las de chuche tienen la ventaja añadida de despreocuparte de la cagalera. Arriesgan con las texturas y eso está bien
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